Sócrates

Noticias recogidas por Diógenes Laercio sobre Sócrates

Sócrates fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de Fenareta, obstetriz, como lo dice Platón en el diálogo intitulado Teeteto. Nació en Alopeca, pueblo de Ática. Hubo quien creyera que Sócrates ayudaba á Eurípides en la composición de sus tragedias, por lo cual dice Mnesíloco:

Los Frigios, drama es nuevo
De Eurípides, y consta
Que á Sócrates se debe (I).

Y después:

De Sócrates los clavos
Corroboran de Eurípides los dramas.

Igualmente Calias en la comedia Los Cautivos dice:

Tu te engríes, y estás desvanecido:
Pero puedo decirte
Que á Sócrates se debe todo eso.

Y Aristófanes, en la comedia Las Nubes, escribe:

Y Eurípides famoso,
Que tragedias compone,
Lo hace con el auxilio
De ese que habla de todo:
Así le salen útiles y sabias.

Habiendo sido discípulo de Anaxágoras, como aseguran algunos, y de Damón, según dice Alejandro en las Sucesiones; después de la condenación de aquel, se pasó a Arquelao Físico, el cual usó de él deshonestamente, como afirma Aristoxenes. Duris dice que se puso a servir, y que fue escultor en mármoles: y aseguran muchos que las Gracias vestidas que están en la Roca (la Acrópolis) son de su mano. De donde dice timón en sus Sátiras:

De estas Gracias provino
El cortador de piedras;
El parlador de Leyes,
Oráculo de Grecia.
Aquel sabio aparente y simulado,
Burlador, y orador semiateniense.

En la oratoria era vehementísimo, como dice Idomeneo; pero los treinta tiranos le prohibieron enseñarla, según refiere Jenofonte. También lo moteja Aristófanes porque hacía buenas las causas malas. Según Favorino, en su Historia varia, fue el primero que con Esquines, su discípulo, enseñó la Retórica: lo que confirma Idomeneo en su Tratado de los discípulos de Sócrates. Fue también el primero que trató la Moral, y el primero de los filósofos que murió condenado por la justicia.

Aristoxenes, hijo de Espíntaro, dice que era muy cuidadoso en juntar dinero; que dándolo a usura, lo recobraba con el aumento; y reservado éste, daba nuevamente el capital a ganancias. Según Demetrio Bizantino dice, Critón lo sacó del taller y se aplicó a instruirlo, prendado de su talento y espíritu. Conociendo que la especulación de la Naturaleza no es lo que más nos importa, comenzó a tratar de la Filosofía moral, ya en las oficinas, ya en el foro, exhortando a todos a que inquiriesen

Qué mal o bien tenían en sus casas.

Muchas veces, a excesos de vehemencia en el decir, solía darse de coscorrones y aun arrancarse los cabellos; de manera que muchos reían de él y lo menospreciaban; pero él lo sufría todo con paciencia. Habiéndole uno dado un puntillón, dijo a los que se admiraban de su sufrimiento: "Pues si un asno me hubiese dado una coz ¿había yo de citarlo ante la justicia? Hasta aquí Demetrio.

No tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo, disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones, cuanto para indagar la verdad. Dicen que habiéndole dado a leer Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le parecía, respondió: "Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador Delio". Tenía mucho cuidado de ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena constitución.

Militó en la expedición de Anfípolis; y dada la batalla junto a Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la expedición naval de Potidea, no pudiendo ejercitarse por tierra en aquellas circunstancias. En esta ocasión dice que estuvo toda una noche en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba mucho, como dice Aristipo en el libro IV De las delicias antiguas.

Ión Quío dice que Sócrates en su juventud estuvo en Samos con Arquelao. Aristóteles escribe que también peregrinó a Delfos. Y Favorino afirma en el libro I de sus Comentarios, que también estuvo en el Itsmo. Era de un ánimo constante y republicano: consta principalmente, de que habiendo mandado Cricias y demás jueces traer a Leonte de Salamina, hombre opulento, para quitarle la vida, nunca Sócrates convino en ello; y de los diez capitanes de la armada fue él solo quien absolvió a Leonte. Hallándose ya encarcelado, y pudiendo huir e irse donde quisiese, no quiso ejecutarlo, ni atender al llanto de sus amigos que se lo rogaban; antes les reprendió, y les hizo varios razonamientos llenos de sabiduría.

Era parco y honesto. Panfila escribe en el libro VII de sus Comentarios, que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa para construir una casa, le dijo: "Si yo tuviese necesidad de zapatos ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego ridículo sería yo si la admitiese". Viendo frecuentemente las muchas cosas que se venden en público, decía consigo mismo: "¡Cuánto hay que no necesito!". Repetía a menudo aquellos Yambos:

Las alhajas de plata,
De púrpura las ropas,
Útiles podrán ser en las tragedias;
Pero de nada sirven en la vida.

Menospreció generosamente a Arquelao Macedón, a Escopas Cranonio y a Eurilo Lariseo; pues ni admitió el dinero que le regalaban, ni quiso ir a vivir con ellos. Tanta era su templanza en la comida, que habiendo habido muchas veces peste en Atenas, nunca se le pegó el contagio.

Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo, la que recibió indotada, y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menexeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Satiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.

Avivó el ánimo de Ificrates, capitán de la República, mostrándole unos gallos del barbero Midas que reñían con los de Calias. Glauconides lo tenía por tan digno de la ciudad, como un faisán o pavo. Decía que "es cosa maravillosa que siendo fácil a cualquiera decir los bienes que posee, no puede decir ninguno los amigos que tiene", tanta es la negligencia que hay en conocerlos. Viendo a Euclides muy solícito en litigios forenses, le dijo: "¡Oh Euclides! podrás muy bien vivir con loa sofistas, pero no con los hombres". Tenía por inútil y poco decente este género de estudio, como dice Platón en su Eutidemo. Habiéndole dado Cármides algunos criados que trabajasen en su provecho, no los admitió; y hay quien diga que menospreció la belleza del cuerpo de Alcibíades. Loaba el ocio como una de las mejores posesiones, según escribe Jenofonte en su Banquete. También decía que sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia recomendable; antes bien todos los males".

...Aprendió a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con frecuencia, teniendo este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice Jenofonte en su Banquete. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas venideras. "Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de ellas".

Preguntado una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: "El que no se exceda en nada". Decía que "se debe estudiar la geometría hasta que uno sepa recibir y dar tierra medida" Habiedo Eurípìdes en la tragedia Auge dicho de la virtud

Que es acción valerosa
Dejarla de repente y sin consejo:

se levantó y se fue diciendo "era cosa ridícula tener por digno de ser buscado un esclavo cuando no se halla, y dejar perecer la virtud". Preguntado si era mejor casarse o no casarse, respondió: "Cualquiera de las dos cosas que hagas te arrepentirás". Decía que "le admiraba ver que los escultores procuraban saliese la piedra muy semejante al hombre, y descuidaban de procurar no parecerse a las piedras". Exhortaba a los jóvenes "a que se mirasen frecuentemente al espejo, a fin de hacerse dignos de la belleza, si la tenían; y si eran feos, para que disimulasen la fealdad con la sabiduría".

La acusación jurada, y que, según Favorino, todavía se conserva en el templo Metroo, fue como se sigue: "Melito Piteense, hijo de Melito, acusó a Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates quebranta las leyes, negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos, e introduciendo otros nuevos; y obra contra las mismas leyes corrompiendo a la juventud. La pena debida es la muerte".

(Diógenes Laercio, "Vidas de filósofos ilustres", trad. José Ortiz, ed. Iberia, Barcelona, 1962)