Thomas Hobbes

En torno a Hobbes

Un opúsculo inédito hasta 1889 — el Pequeño tratado, escrito entre 1630 y 1631 — ha conservado el primer esbozo del sistema científico filosófico con que Hobbes lleva a la escritura su originaria iluminación, su entusiasta y maravillada razón. Abarcará, "por orden de composición creciente, el estudio de la sustancia corpórea en general, corpus; el del hombre en estado natural, homo; y, por último, el del hombre en sociedad, el ciudadano, civis". A partir de ahí, queda sobredeterminada ritualmente la existencia temporal de este fervoroso escriba escribiendo y pensando en el nombre de la Razón. Toda su vida posterior se resuelve en un único empeño: desarrollar analíticamente, científicamente, ese originario argumento epistemológico de su propia razón descubriendo la Mecánica Razón Física que rige el Movimiento Universal de los Cuerpos. "Pues nada hay fuera de los cuerpos, es decir, de las cosas materiales, dotadas de dimensiones y circunscribibles espacialmente, que pueda ser movido" (Hobbes, Elements of Law).

En 1640, con el Parlamento Largo, se abre en Inglaterra el primer acto de la Revolución Nacional. En ese mismo año Hobbes ha hecho circular su manuscrito Elements of Law, tomando posición frente al proceso revolucionario que amenaza la pacífica seguridad de la sociedad inglesa. Es la primera salida al público de este solitario pensador, decisivamente animado ahora por el aristocrático círculo de los Cavendish. Ese texto, dividido en dos partes ("De la naturaleza humana", "Del cuerpo político") se presenta como una primera exposición pública de su sistema, forzosamente incompleta. Frente a la amenaza revolucionaria de la guerra civil, el filósofo trata de iluminar a su público nacional escribiendo en nombre de esa misma Razón que sustenta la Nueva Ciencia Física de Galileo y que dictan las reglas del cartesiano Discurso del Método (publicado en 1637). Para el conocimiento científico del mundo no hay otra objetividad posible que la evidencia física del movimiento universal de los cuerpos. La invención moderna de la Razón, la invención moderna de la Ciencia, es, ante todo, el descubrimiento de la Ciencia Física como única evidencia racional absoluta en medio del caos político religioso que hace estallar la Primera Revolución Burguesa.

Ninguna revolución se atiene a razones sino cuando ya ha cesado su propia explosividad y no es sino memoria ritual al servicio de la Nueva Razón de Estado que así se impone.

El peregrino atrevimiento de Hobbes — enfrentándose con demasiadas facciones a la vez — le pone en riesgo de muerte. A finales de ese mismo año, en busca de la seguridad física que requiere su propio trabajo intelectual, Hobbes emigra a Francia, a París, repitiendo el propio movimiento estratégico de Descartes, que en 1629 comienza su voluntario refugio en Holanda, guardándose así del católico Leviatán nacional de su propia Patria. Laberinto dramático de los personajes y las máscaras de la Razón encerrados en el escenario ritual de la Escritura — en la específica complejidad significante de sus específicos escenarios concretos. El teatro de Signos que es la escritura señala o encubre, pronuncia y retira, aquello mismo que así se manifiesta: el Significante, en cuanto supuesto y determinación físico social del significado del signo. Los Nombres Heroicos de la invención de la Razón Moderna se acumulan entre sí: el Padre Mersenne, desde su celda en París, es un acumulador central de conexiones internacionales con todos los sabios europeos de su tiempo. La independencia soberana de la Corona Francesa frente al Pontífice — el Galicanismo de esa Iglesia nacional — asegura un mínimo espacio libre para el nuevo discurso de la Razón que desde 1633 se ha clausurado por el Santo Oficio en Italia, en España, en Austria. La celda en París del Padre Mersenne es un escenario estratégico de ese proceso de acumulación de conexiones entre Libros y escrituras, autores consagrados y novísimos filósofos. Genealogía ritual de la producción colectiva de un Nuevo Orden Significante: la Razón. Pensando en términos genealógicos (Nietzsche), pensando en términos genético-estructurales, hay que empezar a entender la radical identidad epistemológica de todo ese discurso que se acumula bajo los nombres de Galileo, Descartes y Hobbes más allá de la singularidad particular de tales Escribas y escrituras.

Carlos Moya, introducción al "Leviatán", Editora Nacional , Madrid, 1980