George Edward Moore

Thomas Samuel Kuhn

(1873-1958)

Por José Sánchez-Cerezo de la Fuente

Artículo publicado en webdianoia.com por primera vez el 20 de junio de 2003

El pensamiento de G. E. Moore

George Edward Moore (1873-1958) es uno de los fundadores de la filosofía analítica, junto con Bertrand Russell, que fue su compañero en el Trinity College de Cambridge, y junto con Ludwig Wittgenstein, quien entró como estudiante en la misma universidad, pero que con el tiempo ocuparía la cátedra de Moore. Durante la Segunda Guerra Mundial enseñó en América. Fue editor de la revista Mind desde 1921 hasta 1947 y recibió la Orden del Mérito en 1951.

Moore se inició en el idealismo de la mano de su profesor Ellis McTaggart pero posteriormente aceptó la postura realista (y condujo asimismo a Russell hacia ella). La primera ruptura con el idealismo se refleja en un artículo temprano, "La naturaleza del juicio", en el que criticaba los errores que se producían en la postura idealista debido a la confusión entre dos sentidos distintos de la palabra "idea", que puede significar, por un lado, el acto psíquico de conocimiento, y por otro aquello que se conoce. Es sobre éste último sentido sobre el que debe girar nuestra reflexión para evitar caer en un psicologismo según el cual no podríamos conocer nada exterior a nuestros estados de conciencia. A este sentido de "idea" que hace hincapié en el significado Moore lo denomina "concepto", tomando lo que Francis Herbert Bradley, el profesor a partir del cual Moore se replanteó el idealismo, denominaba "significado universal". Un precedente de la concepción de Moore puede verse en la filosofía de Frege, quien también habla de "conceptos" a los que atribuye una naturaleza objetiva. Un desarrollo posterior, salvando las distancias, puede verse en la teoría del "mundo 3" de Karl Popper.

Posteriormente Moore lleva a cabo una crítica más elaborada del idealismo en su obra "La refutación del idealismo". En ella se vuelve a analizar ciertos conceptos, como es el caso de "sensaciones", para mostrar que una vez más se produce un error análogo al que se daba con el término "idea". Moore quiere criticar la consideración que afirma que "ser es ser percibido". No es cierto que sólo seamos conscientes de nuestros propios estados de conciencia. El mismo "ser consciente" significa serlo de algo, implica la existencia de un exterior. Si lo único de lo que tuviesemos conciencia fuese de la propia conciencia, ¿cómo explicaríamos el cambio de percepciones? Lo que da lugar a esos cambios es el hecho de que fuera de nosotros existen distintos objetos hacia los cuales se dirige nuestra conciencia. Lo que sí puede resultar problemático es hasta qué punto nuestra conciencia se corresponde con el exterior y, por lo tanto, en qué medida nuestro conocimiento es adecuado, pero ahora vemos que la afirmación que Moore criticaba, "ser es ser percibido" (dicho de otra forma "lo que existe sólo existe en la medida en que hay alguien que lo percibe"), no puede ser cierta porque el percibir, el tener sensaciones, implica la existencia de quien percibe y de lo percibido.

Posteriormente a "La refutación del idealismo", continúa con la crítica a los "abusos del lenguaje" que, afirma Moore, han llevado a muchos filósofos a lo largo de la historia a ideas sumamente extravagantes acerca del mundo y la realidad (ideas, que, dicho sea de paso, han sido afirmadas sin el menor reparo, como son la negación del movimiento y del cambio por parte de Parménides y sus discípulos, la afirmación de que la realidad puede no ser más que un sueño o la duda acerca de la existencia de otras personas además de la de uno mismo). Esta crítica está expresada en el siguiente párrafo:

Me parece que en ética, al igual que en todas las demás ramas filosóficas, las dificultades y desacuerdos, de los que su historia está llena, se deben principalmente a una causa muy simple, a saber: al intento de responder a preguntas sin descubrir primero cuál es la pregunta que se quiere responder.

Finalmente Moore, en sus obras "Defensa del sentido común", de 1929, y "Prueba de un mundo exterior", hace explícita la argumentación a favor de la concepción cotidiana de la realidad, lo que habitualmente se denomina sentido común, esto es, que en el mundo hay cosas tales como sillas y mesas, que no hay motivo para pensar que el sol no vaya a salir mañana., etc. Es importante destacar que Moore no es ningún ingenuo y que su intención no es eliminar de un plumazo toda la filosofía simplemente para afirmar que son ciertas las afirmaciones ordinarias que el ser humano lleva haciendo desde el comienzo de la historia. Lo que Moore afirma es que las afirmaciones de sentido común son ciertas, pero no que el propio sentido común sea algo que se justifique a sí mismo y que no necesite de argumentación. El sentido común, por lo tanto, proporciona un criterio para aceptar una afirmación, y esto se lleva a cabo de dos maneras: por un lado Moore da a entender que el hecho de que sea el sentido común quien afirme algo ya es una razón para la aceptación de esa afirmación; por otro lado, podemos aplicar la reducción al absurdo y comprobar si de la negación de la afirmación que el sentido común nos dicta se sigue una contradicción.

Puesto que los errores se han producido, como ya hemos visto, debido a confusiones en el significado de los conceptos (confusiones que los propios filósofos han introducido) lo que hay que hacer es analizar cuidadosamente el significado que cada filósofo ha atribuido a los conceptos que usaba y cuál es el que verdaderamente se corresponde con la realidad. En su obra Principia Ethica, de 1903, realiza el análisis del término "bueno". Se trata de un concepto que no puede explicarse a alguien a menos que previamente lo conozca, como sucede, por poner un ejemplo, con el concepto "amarillo". El término "bueno" es, al contrario que los conceptos que se refieren a objetos de la naturaleza, un concepto sin partes, inanalizable, indefinible (puesto que definir, según Moore, es descomponer un objeto en las distintas partes que contiene). Como consecuencia, Moore expondrá la famosa falacia naturalista que afirma que no es posible identificar lo bueno con las cosas o con las propiedades de las cosas. Por ejemplo, afirmar "el placer es bueno", como hacen los hedonistas o los epicureos, es un error porque el predicado "bueno" no es algo natural y existente. Tales asociaciones de lo bueno con lo placentero, o con lo útil, no son sino el reflejo de una actividad psicológica (si pretendemos analizar, por otra parte, el concepto de "deber", en último término nos encontramos con el concepto de "bueno" y nos enfrentamos al mismo problema). Estas consideraciones por parte de Moore son una reformulación de un problema del que Hume ya se había percatado, que no se puede legítimamente pasar del "ser" al "deber ser", que nunca un conjunto de premisas descriptivas puede implicar una conclusión normativa.

Para no basar la ética en la metafísica, contra la cual siempre se sitúa (como puede verse, por ejemplo, en el hecho de que siempre habla de "good", el adjetivo "bueno", en lugar de "goodness", el sustantivo "bien") Moore defiende, como alternativa, el denominado intuicionismo ético: la afirmación de que hay verdades morales que conocemos por intuición, considerando la bondad o la rectitud como una propiedad que pertenece a determinados estados de cosas. El problema que se plantea aquí es qué tipo de conocimiento es esa "intuición" y la cuestión no se resuelve apelando a un conocimiento alternativo. Dicho de otra manera, el que considera que determinada acción es mala y afirma que lo sabe por intuición no está afirmando que sabe algo que, de tener más información o de hacer un mejor análisis de la cuestión, se mostraría efectivamente cierto, sino que se trata de un modo alternativo de conocer, aunque sus peculiaridades quedan sin definir de una forma clara.

G. E. Moore, en conclusión, es el precedente más cercano del pensamiento analítico aplicado a la ética, aunque no hay que olvidar que su intención inicial es definir lo bueno y no simplemente realizar un análisis del lenguaje. Su influencia en otros pensadores fue inmensa, aunque el reconocimiento que de su obra se ha tenido ha fluctuado enormemente.