Salarios millonarios y crisis financiera

En un artículo de El País de hace unas semanas se relacionaba la crisis financiera con los salarios millonarios de los ejecutivos de las mega compañías que controlan la economía mundial, afirmando que «el mal hacer de una casta intocable de directivos está detrás de la crisis financiera». 

El País, 12/10/2008

Esto coincide con las afirmaciones que desde otros sectores de la sociedad se percibe como la causa de la crisis: la codicia, la avaricia y el afán desmesurado e incontrolable de riqueza de un puñado (unos centenares) de personajes que están al frente de las grandes empresas de todo el mundo. La consecuencia que se extrae de tales afirmaciones es la de que el sistema económico del capitalismo financiero, como tal, no tendría nada que ver en esa crisis, que surgiría a causa de los pecados de unos pocos (o de muchos) de sus dirigentes.

Esta práctica salarial ya era conocida desde hace mucho tiempo (la de pagar sueldos descomunales a los directivos de las grandes empresas, la de eximirles de toda responsabilidad en el posible fracaso de su gestión, la de firmar contratos y compras que resultaban fraudulentas para los accionistas, y otras que no se citan aquí, como las relacionadas con el mercado negro de armamento, el tráfico de influencias empresariales y políticas, etc.). Y, todo sea dicho de paso, alentada y propuesta como modelo de éxito social, económico y político. El neoliberalismo reclamaba, en virtud de los ioncontestables exitos de la empresa privada, el desmantelamiento de las empresas públicas, su venta al sector privado que las haría rentables, poniéndolas en manos de ejecutivos que se pagaben a sí mismos sueldos descomunales por hacer realidad la rentabilidad económica de empresas que antes sólo tenían rentabilidad social, y de hacerlo a costa del encarecimiento y de la privatización de sus servicios. La sabiduría del mercado, el laissez faire, que reclamaban con tanta intensidad ha terminado en la intervención multi millonaria de los Estados para tapar los agujeros descomunales en las cuentas de Bancos y empresas de todo el mundo.

Quienes pretenden hacer depender la actual crisis del sistema financiero de la actuación individual de unos centenares de directivos de alto nivel, se asemejan a quienes apelan a factores pseudo morales (como la codicia o similares) o a quienes, en la antigüedad, apelaban al demonio o a las brujas para desviar la atención de las verdaderas causas de los problemas (recordad lo que decía Marvin Harris al respecto, por ejemplo). Ese tipo de explicaciones pseudo moralizantes no tiene nada que ver con las explicaciones científicas (y la economía es una ciencia) y sólo sirven para despistar, para confundir, para evitar que se conozcan las verdaderas causas del desplome del sistema financiero. Y también – y sobre todo – para salvar la cara de un sistema que entra en bancarrota sin que los economistas ni los políticos sean capaces ni de prever ni de explicar las causas reales de su derrumbe (ya sea porque no lo saben, ya porque no consideren oportuno decirlo).

Hay que pensar, más bien, que ese tipo de comportamientos se dan en el seno de un sistema que los necesita y los estimula, que son un producto del sistema, y no los creadores del mismo. El sistema económico produce al mismo tiempo directivos supermillonarios y pobreza en millones de personas de todo el mundo. Hace muchos años que se viene diciendo que «los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres» (y eso creo que la oído y lo ha visto escrito todo el mundo un montón de veces). Lo que a mí me interesaría saber son las causas reales de la crisis, aunque sólo fuera para satisfacer mi curiosidad científica. Y desde luego, no creo que sea la que se propone en este artículo.

Hoy se celebra la cumbre financiera del G-20 en Washington. Algunos van allí con la propuesta de refundar el capitalismo, como el francés Sarkozy, y otros, como Bush, se contentan con llamar a las cosas por su nombre, ensalzan el libre mercado y aconsejan tapar los agujeros y evitar el intervencionismo generalizado de los Estados en la economía. Mientras tanto, el FMI (Fondo Monetario Internacional), que alentó las políticas de privatizaciones – en un seguidismo sin precedentes de la empresa privada en dicho organismo – aplicando las políticas marcadas por los grandes consorcios internacionales, (y en su beneficio, claro), está preparando los cheques (hasta 250000 millones de dólares) para hacer frente ya a los agujeros de las empresas y países que actuaron bajo sus auspicios; lo que resulta doblemente sangrante, por cuanto muchos otros países -que no se plegaron a su política- fueron privados de créditos mucho menores al resistirse a aplicar las políticas económicas del FMI…