La crisis, un año y medio después

Un año y medio después de la Declaración de Washington (del 15 de noviembre de 2008) parece claro que los esfuerzos por recuperar los mercados, que se presentaba como el principal objetivo de dicha reunión, han prevalecido sobre cualquier otra consideración, manteniendo la impunidad de las estrategias financieras que condujeron a la crisis y cuyas consecuencias todos conocemos ya de sobra, pues son noticia diaria, todavía hoy, en la prensa nacional e internacional. Frente a cualquier otra teoría económica – la keynesiana, por ejemplo – se ha impuesto de nuevo la tesis que había imperado desde los años 80 de la “sacralización del mercado” con la consiguiente exigencia de la no intervención del Estado, que se mide entre otras, en función de la reducción de déficit público, lo que se considera como garantía de crecimiento económico. Lo que a su vez eleva la hipótesis de la necesidad de un crecimiento económico constante al rango de principio incontrovertible de toda actividad económica (y no sólo del neoliberalismo económico o, para utilizar el término del premio nobel de economía Joseph E. Stiglitz, del fundamentalismo del mercado). O sea, que volvemos a lo mismo. La deuda contraída por los Estados para hacer frente a la crisis es considerada ahora un obstáculo para la recuperación y una causa directa de la prolongación de la crisis. Lo que hemos visto en Grecia, y que algunos medios insisten en decir que veremos pronto en Portugal y en España -esperemos que no- es el resultado de esta exigencia de los mercados, no de la “naturaleza” del Estado de bienestar.

La consecuencia de todo ello es la pérdida del poder soberano de los Estados: la incapacidad de tomar decisiones políticas frente a un mercado todopoderoso ante el que se doblegan las voluntades populares, que, al menos teóricamente, se expresa en los parlamentos y gobiernos de las democracias occidentales. Votamos a los partidos, pero nos gobiernan los mercados. Es una consecuencia grave para la democracia que, después de la caída de los regímenes estalinistas, se encuentra paradójicamente, amenazada por los mercados. Las decisiones políticas se toman en función de las exigencias de los mercados y se corrigen en función de tales exigencias (véase lo que está ocurriendo en España y en todo el conjunto de la UE), no en función de la voluntad popular. El siguiente vídeo de la intervención de Cohn Bendit en el parlamento europeo no tiene desperdicio:

Intervención de Cohn Bendit en el Parlamento Europeo sobre la interveción de Europa en la crisis de Grecia.

La siguiente entrevista a Carlos Martínez, presidente de ATTAC España, vuelve sobre este tema con más detalle.

Entrevista a ATTAC en CNN+ from AttacTV on Vimeo.

Entrevista de Iñaki Gabilondo a Carlos Martínez, presidente de ATTAC España, en el programa “Hoy”, en CNN+. 26/05/10