Cumbre G-20: Declaración de Washington

Reunidos los países del G-20 este fin de semana, concluyen su cumbre con una Declaración que no aporta nada sustancialmente distinto a lo que se esperaba, como comentaba en la noticia de ayer. El texto íntegro de la Declaración lo podéis leer en esta web de Noticias 24 horas:

DECLARACIÓN DE WASHINGTON del G-20

En todo caso, tras una lectura rápida, bastaría destacar los aspectos siguientes que confirmarían esa opinión:

1. El reconocimiento del carácter estructural de la crisis financiera (es decir, no se debe a la acción individual de algunos ejecutivos -salarios desorbitados-, sino a la escasez de medios de transparencia y de control, públicos o privados, de la «seguridad» de la actividad financiera). Entre otras cosas, se dice «las poco sólidas prácticas de gestión del riesgo, los crecientemente complejos y opacos productos financieros y el consecuente excesivo apalancamiento se combinaron para crear debilidades en el sistema».

2. Adopción de medidas de caracter estructural para «corregir» esas deficiencias: «tomaremos cualquier acción adicional necesaria para estabilizar el sistema financiero». Como quienes hablan son los líderes políticos del G-20, esto parece un claro alegato a favor de la intervención pública en el sistema financiero, lo que es contrario a la ideología que sustentan, la del libre mercado y su sabia capacidad autorreguladora…

3. Incremento de la cantidad de dinero necesario para hacer frente a la desintegración de los mercados financieros, en un plan de rescate sin precedentes (por supuesto, a cargo de los Estados y de los organismos internacionales correspondientes, como el FMI y el BM): «hemos tomado potentes y significativas acciones para estimular nuestras economías, proporcionar liquidez, fortalecer el capital de las instituciones financieras, proteger los ahorros y depósitos, corregir las deficiencias regulatorias, descongelar los mercados de crédito». Las potentes y significativas acciones a que se refieren son la nacionalización de Bancos y entidades financieras en USA, Gran Bretaña y Alemania, por ejemplo (con lo que el Estado se hacer cargo del desaguisado -pero sólo mientras no sean rentables: una vez saneadas se «devolverán» al mercado) así como la aportación de centenares de miles de millones de dólares, yenes y euros a los mercados financieros, es decir, aportar dinero en una acción conjunta de los Estados poderosos sin precedentes en la historia – por la cantidad y por la unanimidad de la intervenciones de los Estados. El mercado libre tampoco parece capaz de autorregularse, poniendo sus multi millonarios  beneficios de entonces en juego para hacer frente ahora a la crisis; antes al contrario, es necesaria la intervención de los Estados con su dinero público para ello. Ya vemos en qué consiste la «sabiduría del mercado»: los beneficios han de ser privados, por supuesto, y los gastos públicos.

4. Pese a todo, el G-20 se reafirma en la declaración ideológica sobre la necesidad de mantener el mercado libre y asegurar la viavilidad del sistema financiero, rechazando el proteccionismo y la intervención de los entes públicos en la economía: «Admitimos que estas reformas sólo tendrán éxito si se basan en un compromiso con los principios del libre mercado, incluyendo el imperio de la ley, respeto a la propiedad privada, inversión y comercio libre, mercados competitivos y eficientes, y sistemas financieros regulados efectivamente». Esto resulta absolutamente contradictorio con el punto 3 y parcialmente con el punto 2, ya que se apela en ellos a la acción pública para salvar los mercados al tiempo que se rechaza ideológicamente la intervención de los entes públicos en la actividad del mercado libre (es decir, ni protegido ni avalado ni controlado por los entes públicos).

El disparate adquiere proporciones gigantescas si tenemos en cuenta que desde hace ya muchos años economistas de prestigio, como algunos premios nobel y algún ex-director del FMI, además de todos los movimientos anti-globalización y otros sectores de la vida pública de todo el mundo, denunciaron esas estrategias financieras y anunciaron las consecuencias que tendrían para las economías desfavorecidas y para los propios países que auspiciaban su pervivencia e implementación.