
Dado que la ideología burguesa, parte de una relación de fuerzas favorable, sus ideas tienden a penetrar en el movimiento obrero aunque sea bajo la apariencia del marxismo. Althusser llamaba “revisionismo” (siguiendo una tradición marxista) a dicha penetración, y “reformismo” a las consecuencias prácticas del revisionismo.
Althusser identificó dos formas básicas de revisionismo: el humanismo y el historicismo.
El humanismo, es la penetración de la idea de que “el hombre es el sujeto de la historia y del conocimiento” en el discurso marxista, idea que como se ha visto más arriba inhabilita al marxismo para comprender los mecanismos de explotación.
La forma en la cual el humanismo aparece en el discurso marxista es el “economicismo”.
Althusser mantuvo la tesis de la primacía de las relaciones de producción (lucha de clases en la producción) sobre el desarrollo de las fuerzas productivas (relación hombre-naturaleza en la producción) contra las interpretaciones “economicistas” del marxismo.
El economicismo afirma que la historia humana es la historia de cómo el hombre progresa en el dominio de la naturaleza mediante el desarrollo indefinido de las fuerzas productivas, y hace pasar dicha tesis como marxista.
Para los humanistas, existe una contradicción entre el desarrollo indefinido de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas, de modo que cuando la capacidad productiva humana pase un determinado punto, se instaurará el socialismo, para “adaptarse” a dicho desarrollo.
Para Althusser, esta tesis era doblemente errónea, y significaba, en la práctica, una justificación de la explotación capitalista.
Por una parte, Althusser sostenía que el desarrollo indefinido de las fuerzas productivas no sólo era compatible con el capitalismo, sino que era la condición material de éste.
El capitalismo está basado en una doble separación: la separación de los trabajadores respecto a los medios de producción, y la separación de las unidades de producción (las “empresas”) entre sí. Esta segunda separación, es la que determina el carácter mercantil del capitalismo (sin competencia entre empresas, no habría mercado) así como la forma mercantil de apropiación del excedente.
La separación de los trabajadores respecto a los medios de producción se reproduce merced a la limitación del valor del trabajo necesario (del salario) mientras que la separación entre empresas se reproduce en la competencia en el mercado.
Cada empresa se ve obligada para sobrevivir a ser cada vez más competitiva, esto es, a bajar el valor de cambio de sus productos. Como el valor depende del tiempo de trabajo, las empresas tienden a producir cada vez más en menos tiempo, es decir, tienden a ser cada vez más productivas, y así “bajar” el valor de las mercancías que produce. Como el valor depende del tiempo de trabajo, y no de su productividad, las empresas más productivas se apropiarán de la plusvalía generada por las empresas menos productivas. Por ello, toda empresa tiende a ser cada vez más productiva, es decir tiende a producir más y mejor en menos tiempo, y la burguesía en su conjunto, está interesada en el progresivo desarrollo de las fuerzas productivas.
Por otra parte, la reproducción de la separación de los trabajadores respecto a sus medios de producción (que es “la relación de producción capitalista fundamental”), tiene como condición la necesaria limitación del tiempo de trabajo necesario, es decir, tiene como condición la escasez relativa que se deriva del hecho de que el salario esté siempre necesariamente limitado “por arriba”; de modo que los obreros nunca ganen lo suficiente para vivir sin trabajar para la burguesía. El desarrollo indefinido de las fuerzas productivas, de por sí, no implica un alargamiento del tiempo de trabajo necesario, dado que la burguesía, al controlar las condiciones objetivas de la producción, tiene el poder de aplicar el desarrollo de la productividad para alargar el tiempo de trabajo excedente. (En otras palabras, la burguesía decide qué se produce y cómo se produce, y por tanto, en última instancia, para quién se produce).
Althusser, afirmaba así, que en la estructura económica, las relaciones de producción, que son relaciones de explotación y por tanto de lucha de clases, tienen la primacía respecto a las fuerzas productivas. Ello no significa que las relaciones de producción sean independientes del desarrollo de las fuerzas productivas, sino que el desarrollo de las fuerzas productivas está condicionado por las relaciones de producción, dado que si bien no puede haber explotación sin producción, en las sociedades de clases sólo hay producción a condición de que haya explotación.
Con esta tesis, se enfrentó a las interpretaciones evolucionistas de la historia, según las cuales los diferentes tipos de relaciones de producción (y por tanto la sucesión de modos de producción) surgirían como resultado del desarrollo de las fuerzas productivas.
Por el contrario, el proceso de producción nunca preexiste a las relaciones de producción, y son éstas las que aseguran la reproducción del proceso de trabajo, o dicho de otro modo: la reproducción de las condiciones técnicas o materiales de la producción está determinada por la reproducción de las relaciones sociales de producción.
También, en esta línea, se enfrentó a las interpretaciones del marxismo que consideraban que el capitalismo era anterior a la lucha de clases entre proletariado y burguesía. Althusser mantuvo que la existencia de las clases sociales y la lucha de clases son una y la misma cosa, esto es, que proletariado y burguesía solo pueden existir mediante una relación de explotación, de modo que sus intereses son siempre objetivamente irreconciliables.
Debido al rechazo de las interpretaciones humanistas del marxismo, Althusser afirmaba que el marxismo es un “anti-humanismo teórico”. El adjetivo “teórico” era para aclarar que el marxismo prescinde de la categoría teórica “hombre” y la denuncia como ideológica, pero si lo hace, es precisamente para favorecer la emancipación humana (de los hombres y mujeres reales, no de su concepto).
Como consecuencia de su crítica al “humanismo marxista”, Althusser pensaba que el concepto de “alienación de la esencia humana” era ajeno al materialismo histórico, dado que éste no reconoce ninguna esencia humana independiente de sus condiciones sociales de existencia, y que sólo puede encontrarse “en funcionamiento” en las obras de juventud de Marx, (cuando hizo suyo el humanismo ateo de Feuerbach) es decir, en aquellas anteriores a “La ideología alemana” de 1845. A partir de ese momento, Marx iría abandonando el término “alienación”, que no obstante, tiene “supervivencias intermitentes”, pero que tienden a desaparecer.
El humanismo marxista es la expresión de posiciones políticas pequeño-burguesas. La pequeña-burguesía es la clase social que produce sus medios de vida con sus propios medios de producción sin explotar a nadie. Esta clase social está compuesta por artesanos y campesinos fundamentalmente, y en cierta medida por profesionales liberales. Estas clases, dada su posición objetiva, no tiene intereses políticos propios, dada su posición “atrapada” entre la burguesía y el proletariado, y por ello tiende a oscilar entre ambos, y tiende a aliarse con unos u otros dependiendo de la coyuntura.
Para Althusser, dado que los intelectuales tienen todas las características sociales de la pequeña burguesía, tienen espontáneamente una ideología pequeño-burguesa, que denuncia los males del capitalismo en nombre de la libertad humana, pero no liga ésta con la lucha de clase proletaria. De ahí que Althusser afirmara que era necesario que todo intelectual “revolucionase” sus prejuicios para identificarse con la clase obrera (como hizo el mismo Marx).
Althusser llamaba “historicistas”o“empiristas” a las interpretaciones del marxismo que ignoran la especificidad de la ciencia marxista como práctica científica respecto a la práctica política de la lucha de clases.
Althusser identificó posiciones historicistas (o empiristas) en autores marxistas tales como Gramsci, Karl Korsch y Sartre por ejemplo.
El historicismo consideraría que la ciencia de la historia y todas las ciencias formarían parte de la superestructura ideológica del modo de producción dominante en una formación social dada y es por tanto “contemporánea” de la misma.
El historicismo sería una interpretación hegeliana del marxismo, dado que según Hegel, cada época histórica produce su propia conciencia de sí, de modo que la conciencia que de sí misma tiene una época histórica es “contemporánea” de sí misma. Por ello, si seguimos esta interpretación, el movimiento obrero “produciría” su propia conciencia de clase espontáneamente como resultado de su práctica social.
Althusser consideraba errónea esta interpretación dado que para él, la superestructura ideológica de toda formación social tiene una autonomía propia que tiene como fin favorecer la reproducción de las relaciones de producción dominantes, y por lo tanto no pueden producirse rupturas siguiendo su propia dinámica, sino que es necesario, para ello, un trabajo teórico exterior a dicha superestructura, una práctica teórica específica.
El historicismo es por tanto, una forma de empirismo que ignora la ruptura que Marx hizo respecto a sus fuentes. Esta ignorancia lleva consigo que los intelectuales historicistas no reconozcan la especificidad del aparato conceptual marxista y consideren que Marx continuó la labor de sus “fuentes”, cubriendo sus insuficiencias, pero sin salir ni de su terminología ni de su problemática.
En suma, Althusser afirmaba que del mismo modo que el conocimiento de las leyes de la naturaleza no puede ser el producto de la simple percepción y práctica técnica (la “sabiduría popular”) que provee solamente observaciones empíricas y fórmulas técnicas, sino que es el resultado de una práctica científica específica; el desarrollo de la ciencia de la historia no puede ser el resultado de ninguna práctica social espontánea, sino de un trabajo específicamente teórico.
El error del historicismo es, en última instancia, que no toma como objeto los mecanismos ideológicos que ligan las ideologías prácticas, esto es, los comportamientos humanos aprendidos socialmente que reproducen el orden burgués, con las ideologías teóricas que los justifican, y que por tanto, impide la investigación científica de dichos mecanismos. (Buenos ejemplos de ideologías prácticas serían el egoísmo, machismo, racismo, creencias y ritos religiosos, determinados modelos de relaciones humanas y familiares, valores basados en la obediencia, tendencia instintiva a separar el trabajo manual del intelectual, etc., etc. estas ideologías prácticas tienen como misión separar los intereses de clase del proletariado de los intereses individuales de cada obrero, mediante una representación falsa de la realidad).
Ello no impide que Althusser reconociese la existencia de ideologías prácticas revolucionarias (la ideología proletaria), a las que llamó “instinto de clase”, que consiste en que los trabajadores toman conciencia espontánea de sus intereses de clase, aún cuando sea de forma no elaborada y por tanto, vulnerable a las influencias de las ideologías conservadoras. De hecho, para Althusser, el “instinto de clase proletario” fue y es la base imprescindible de la ciencia marxista, dado que las luchas espontáneas de la clase obrera, son la “materia prima” de la ciencia marxista. Por ello, Althusser afirmó que “el marxismo no es exterior, sino interior al movimiento obrero”. La función de la lucha contra la ideología burguesa sería la transformación del instinto de clase proletario en conciencia de clase proletaria.
Como consecuencia de su crítica al historicismo o empirismo marxista, Althusser consideró que la categoría filosófica “negación de la negación”, según la cual, el progreso de la conciencia es el resultado de las contradicciones internas de ésta, es ajeno al materialismo histórico; y que Marx y Engels fueron abandonando a lo largo de su obra.
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